Wednesday, March 24, 2010

Respuesta a la intelectualidad puertorriqueña de Antonio S. Pedreira

Antonio Salvador Pedreira Pizarro nació en San Juan de Puerto Rico, el 13 de junio de 1899 y falleció el 23 de octubre de 1939, en su ciudad natal. Se graduó de maestro de enseñanza elemental en la escuela normal en 1920; luego cursó estudios de medicina en la Universidad de Columbia en Nueva York. Por no tener los recursos económicos suficientes debió suspender sus estudios y regresar a Puerto Rico. Durante su estadía en esta universidad estuvo expuesto a la realidad del racismo, este fue uno de los factores por los cuales Pedreira tomó la decisión de ingresar al movimiento nacionalista, siempre deseó la independencia para su país. Pedreira enseñó en la escuela normal, luego en Columbia y más tarde en el instituto de artes y ciencias de Brooklyn. En 1927 formó parte de del profesorado del departamento de estudios hispánicos de la Universidad de Puerto Rico cuya dirección asumió al año siguiente. Entre sus obras se destacan “el periodismo en Puerto Rico, 1806- 1930”, “ de los nombres de Puerto Rico” ,“ Aristas” ,“Hostos ciudadano de América”, “la actualidad del jíbaro” ,“el año terrible de 1887”, “Un hombre de pueblo José Celso Barbosa”, su obra cumbre fue Insularismo escrita en 1934 por lo cual la he dejado para el final porque es la que nos interesa reseñar. Insularismo se presenta como un diario de navegación, del navegar de Puerto Rico en busca de un puerto, la puertorriqueñidad. Esta interpretación del ser puertorriqueño sacude la atmósfera literaria y cultural del país. En la introducción de Insularismo titulada “ la brújula del tema” Pedreira anticipa su defensa diciendo: “ la amargura que pueda destilar este ensayo va saturado de esperanzas de renovación” es como si esperara que su escrito sacudiera las conciencias muertas de su pueblo y se sacudieran de su marasmo. La obra estudia los factores étnicos que se funden en el puertorriqueño: el amerindio, el español y el africano “ de esta fusión nace nuestra confusión”, asegura Pedreira. Es una crítica al sistema estadounidense para los que piensan que es lo mejor, una crítica al viejo sistema español como los culpables de la debacle creada en las mentes de los puertorriqueños.
Comienza el libro la unidad titulada “ la brújula del tema” en la misma se hace una crítica al pensamiento del puertorriqueño que piensa que es muy virtuoso pero en este pensamiento van ocultos los defectos que esconden las vergüenzas bajo los delirios de grandeza. Al parecer tanto tiempo había pasado el puertorriqueño tratando de participar en la política que en el tiempo actual explotó de manera tal que el deporte nacional de los puertorriqueños es la política, es la desesperación por tanto tiempo de no participar en la misma. No deberían los puertorriqueños gloriarse por el hecho del cambio de soberanía porque según el, la situación no es tanto mejor ahora de lo que fue antes, el problema continúa La formación del puertorriqueño según Pedreira sigue unos pasos que van desde el descubrimiento hasta el siglo XVIII y principios del siglo XIX, el despertar e iniciación que comienza en los primeros años del XIX y cierra con la guerra hispanoamericana, el tiempo actual lo considera como el de una indecisión. Esto es así porque antes durante la dominación americana al puertorriqueño no le cabía la menor duda que eran puertorriqueños con un “amor” fuera de toda duda por España la madre patria, ahora la fidelidad cambiaba de nación y lo que se tenía y aún se tiene es un “pandemonium” Seguimos siendo una colonia hispánica a su juicio y más que cuando se escribe la obra no hace mucho tiempo que ha habido el cambio de dominación, pensamos como españoles pero tenemos una metrópoli distinta la cual nos es ajena pero que por la conveniencia de inclinarse hacia el sol naciente hay sus inclinaciones para la anexión sin ninguna compatibilidad. Lamentablemente a mi juicio seguimos con la misma indecisión y si nos tocase cambiar de soberanía nuevamente me gustaría saber si las inclinaciones se irían nuevamente con el sol naciente por pura conveniencia.
Analiza Pedreira que la tierra ejerce una influencia tremenda sobre el puertorriqueño y que el clima trabaja sobre la psiquis al punto que “ la voluntad es deteriorada por el clima y el calor nos madura antes de tiempo” como diciendo que toda la atmósfera circundante influye en nuestro modo de ser.
Es interesante ver el análisis que hace sobre el efecto de las centrales sobre la vida del puertorriqueño al punto que se adelanta a su tiempo cuando asegura que el jíbaro se ha quedado sin tierra por causa que la misma la han ocupado los cañaverales y los bosques sin árboles por la misma razón, hoy día ha sucedido lo mismo lo único que han sido las urbanizaciones las que han ocupado el lugar de las centrales. El que hizo la ley hizo la trampa reza un refrán, esto con relación a que las centrales violentaron la ley de las 500 acres y el jíbaro no se daba por enterado o prefería ignorarlo, no se daba cuenta que su tierra era arrebatada por los grandes intereses pero siempre sintió una gran indolencia por eso. La falta de amplitud en el tamaño de la tierra ha segado el entendimiento del puertorriqueño a juicio de Pereira. Llevamos encima la tara de la dimensión territorial. No somos continentales, ni siquiera antillanos: somos simplemente insulares que es como decir insulados en casa estrecha. Encogidos por la tierra , tiene nuestro gesto ante el mundo las mismas dimensiones que nuestra geografía. Ni desiertos ni planicies, ni amplios valles nos ayudan a estirar la visión y estamos habituados a tropezar con un paisaje inmediato que casi tocamos por sus cuatro puntas. Este es el meollo del libro Insularismo, significa falta de visión, quiere decir que si el país fuera más grande la visión de mundo sería más amplia. Al punto que en su análisis sobre los primeros siglos de historia asegura que no hubo nada de lo que enorgullecerse ya que todo nos llegó tarde como por ejemplo la imprenta, lo cual dio al traste con nuestra producción literaria. El progreso o fracaso de España como potencia se reflejaba en su colonia más olvidada que por supuesto era Puerto Rico, cuando asediada por las demás potencias europeas cayó en franco deterioro eso rápidamente se vio en nuestra isla que tuvo que cargar con el lastre de la decadencia española, de manera que pasaron varios años en los cuales no se paraba un solo barco en nuestra isla y cuando uno lo hacía era todo un motivo de alegría, velas , velas gritaba la gente cuando se acercaba un barco. Ahora bien, la pregunta obligada sería que somos, el puertorriqueño siempre reflejó una españolidad pero con ideas y reacciones distintas a las de allá. Ahora en nuestra situación actual no sabemos lo que somos ya que por causa de la indecisión no podemos tener una filosofía educativa porque si se toca cualquier punto todos los sectores protestestarían, honestamente ignoro cual sería la reacción de Pedreira al ver que en nuevo siglo todavía estamos en el valle de la indecisión. De acuerdo a Pedreira nuestro pueblo piensa que tiene mucha civilización y cultura, no saben la diferencia entre ambas ya que civilización es el grado de adelanto que se posee para satisfacer necesidades, cultura significa lo que ha progresado un pueblo en cuanto a sus logros. Por lo tanto no tienen los puertorriqueños nada en su literatura de lo que puedan decir ufanados, aunque aquí por decirlo de alguna manera “nos tira la toalla” porque siempre hubo vigilancia a lo que se escribía y aún el jíbaro tuvo que pasar dificultades para entrar a la isla. La dependencia del pueblo en sus gobernantes hizo o ha hecho que los puertorriqueños todo lo esperen del gobierno y no crean una identidad excepto de mendigos ya que cuando van a alguna agencia de gobierno lo hacen con un miedo como si estuviesen suplicando una dádiva. Ahora, no todo es malo ni negativo a juicio de Pedreira, nuestro pueblo luchó con las pocas armas que tenía a la mano de acuerdo a las circunstancias. Durante todo el siglo XIX fueron muchos los acontecimientos que levantaron las alas del despertar puertorriqueño en todas las áreas, educativo, político, religioso. Por motivo de la política represiva ese despertar fue reprimido y desbandado. Ahora, en las manos de la juventud queda el que haya un despertar que realmente haga salir el hombre y la mujer que hay dormido en cada puertorriqueño(a) es hora de olvidar las dádivas y encontrarnos a nosotros mismos, porque el día que lo hagamos sin prestar atención a ningún gobernante sino exigir sin bajar la cabeza, cuando podamos tener una filosofía educativa y de vida ese día habremos encontrado nuestra brújula.

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